Ya lo sabemos, lo hemos leído, escrito y dicho en repetidas ocasiones: las redes sociales han llegado para quedarse, lo mismo que los blogs, gracias a su facilidad de publicación de la información. Pero antes de los blogs y antes de las redes sociales, incluso antes de Google, estuvieron las comunidades online (conocidas por aquel entonces, allá a principios de siglo, como comunidades virtuales). Claro, a principios del año 2000 no se contaba con las facilidades de publicación que luego añadieron blogs y redes sociales, pero aun así esas comunidades online pioneras fueron una muestra evidente de las ventajas de Internet aplicadas al concepto de comunidad:

  • Reducir las distancias entre personas interesadas en un mismo tema
  • Proporcionar herramientas a esas personas para interactuar
  • Permitir publicar contenidos, y no solo a los dinamizadores (mediante tablón de anuncios, por ejemplo)
  • Fomentar el sentimiento de pertenencia a esa comunidad y fidelizar

Estas características de las comunidades online son en esencia las mismas que proveen las redes sociales más populares hoy en día, como Facebook, Twitter, Pinterest… y también las plataformas de aprendizaje, ya sea en formación a distancia o semipresencial.

Estrategia de social media

 

Opciones para la creación y dinamización de comunidades

Si te estás planteando la creación de una comunidad de interesados en un tema o ya tienes un núcleo de personas relacionadas de forma offline y buscas un medio de facilitarles herramientas online para mejorar procesos, debes plantearte una estrategia: y no solo una estrategia de social media, que también; sino que deberás tomar decisiones con respecto a las plataformas que usas para ello. ¿Qué es mejor para dinamizar estas comunidades: el uso de redes sociales de terceros, es decir, Facebook, Twitter, etc.? ¿O bien un desarrollo propio adaptado a las necesidades concretas de tu comunidad de usuarios?

Como podrás imaginar, no hay una respuesta única ni simple: la ventaja más obvia de las redes sociales de terceros puede ser la inmediata puesta en marcha, así como en algunos casos una curva de aprendizaje mínima para empezar a ver cómo la comunidad funciona. El inconveniente principal es la dependencia total a la evolución de las mismas, pudiendo ésta no ser favorable a tu comunidad. Al mismo tiempo, dependiendo de las necesidades de los integrantes de la comunidad, es posible que  las funcionalidades estandarizadas de las redes sociales al uso no sean suficientes. Por ejemplo, si quieres facilitar un espacio para la formación, es muy posible que quieras poner a disposición recursos, materiales, manuales, que serán de más fácil acceso en un espacio desarrollado específicamente que en una red social convencional.

De todas formas, tampoco defendemos la conveniencia de recurrir únicamente al desarrollo propio para la creación y dinamización de comunidades. De hecho, en determinados casos puede que lo más conveniente sea un modelo mixto, en que se combina la libertad de creación de recursos específicos que te proporciona un desarrollo propio con las facilidades en cuanto a promoción y difusión de temas de interés de la comunidad que pueden proporcionar las redes sociales más populares.

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