El emprendedor surfista

En este año que ahora termina he tenido la suerte de poder colaborar con Josep Macía y Elisabet Marill en la conceptualización de su modelo de coaching a través del surf: PsicoTechSurf. La idea que subyace en el proyecto es aprovechar las habilidades que el aprendizaje y la práctica del surf desarrollan, y como estas pueden ser utilizadas en un proceso de coaching para el desarrollo personal y profesional.

En esta primera pate del post me gustaría presentaros una lista de habilidades que se aprenden y valores que se necesitan al iniciarte en la práctica del surf y que pueden ser altamente aplicables para emprendedores de negocio.

–       Aversión al riesgo. Cuando le dices a alguien que te vas a practicar surf, lo primero que suelen pensar es que estás “loco”, que te vas a hacer daño, que es un deporte de riesgo, que con jugar a las palas en la playa ya te entretienes… ¿No dicen lo mismo vuestros amigos cuando les decís que sois emprendedor? ¿No es más sencillo y seguro trabajar en una empresa sin mayor preocupación que hacer tu horario y cumplir tus objetivos? Al igual que el surf, el ser emprendedor últimamente (y de forma bastante errónea) viene rodeado de un halo de “cool”, de ser un aventurero empresarial que se hará millonario con su startup. La realidad es muy distinta de lo que se observa desde fuera. Hay que trabajar duro, con constancia, para poco a poco ganar seguridad, progresar, y finalmente disfrutar.

–       Un buen instructor. Al iniciarte en el surf es aconsejable ir de la mano de un buen maestro. Escuchar las instrucciones y aprender de los mejores te evitará malos hábitos y facilitará tu progreso. Cuando eres emprendedor siempre es mejor disponer de una formación y un conocimiento previo. El factor “innato” no es muy habitual. El instructor te aconsejará la tabla más adecuada, te descubrirá los peligros de las corrientes, cómo leer el mar, las secuencia de olas y mareas, los puntos de seguridad, los beneficios de estirar antes y después, etc. Generalmente existe la idea que el emprendedor se “hace a si mismo” y que no existe ninguna escuela de emprendedores. Esto es cierto, pues el emprendedor es quien vive todo el proceso en primera persona, y aplica su carácter en la asimilación del mismo. Pero si eres emprendedor, un buen coacher o mentor hará la misma función que el instructor, permitiéndote aprender de forma óptima, entender y corregir los errores de manera más eficiente y entender las dinámicas del mercado y estados de evolución del proyecto, intentando, en la medida de lo posible, no variar demasiado el carácter de la propia startup. Incluso los buenos business angels e inversores juegan el papel de instructores avanzados ayudándote a mejorar tu progresión, colaborando con su conocimiento y network en pos del crecimiento del proyecto.

–       Los primeros pasos. La iniciación del surf empieza con una tabla larga (muy larga) y suave. Las olas son mera espuma y el agua apenas te llega al tórax. Ello minimiza el riesgo y te da estabilidad para crecer. Progresivamente vas probando con tablas más duras y cortas, y remando hasta la segunda ola. Este proceso generalmente requiere reaprender algunos trucos y nuevas dosis de persistencia. En la evolución de una startup la analogía es muy similar. Empiezas con una idea o plan de negocio, un prototipo o MVP, un primer cliente, un equipo pequeño, y así sucesivamente vas mejorando el modelo de negocio, vas pivotando el producto, vas ampliando el portfolio y definiendo nuevas líneas de desarrollo, vas logrando nuevas cuentas, y van gestionando más personas y recursos.

–       ¿Recursos propios, inversión de terceros o endeudamiento? Cuando empiezas puedes decidir comprarte el mejor neopreno, la mejor tabla de pincho, e irte a Bali a aprender, o bien empezar poco a poco, en alguna playa cerca de casa, con un amigo que te preste su neopreno y su tabla, o bien decidir por comprarte un traje barato y sin preocuparte que la longboard sea de segunda mano. En el caso del emprendedor podemos empezar fuerte, muy fuerte, pensando en Silicon Valley, levantando fuertes sumas de dinero de terceros, para lograr aprovechar lo antes posible la ventana de oportunidad del mercado y lograr tracción. O bien crecer con recursos propios (lo que se denomina bootstrapping), con inversión de amigos o con pequeñas inyecciones de crédito. En este segundo caso todo toma su tiempo, paso a paso, generando pequeñas ventas iniciales que te permitan autofinanciarte, logrando casos de éxito en el mercado local y progresivamente atacar nuevos mercados. La relación riesgo/beneficio es más elevado en el primer caso, especialmente en startups tecnológicas con un elevado burning ratio, y la velocidad de progreso dependerá a dos factores: la escalabilidad propia del proyecto, y el nivel de persistencia y aguante al dolor (puedes ir a Bali, con el mejor material, y terminar siendo un gran surfista). Si sabes manejar una inversión inicial fuerte, tendrás el éxito asegurado. Si no, el golpe será más duro, y al igual que en el surf, se te pueden quitar las ganas de seguir emprendiendo.

 

Hasta aquí la primera parte de este post. Espero que haya sido de tu interés. En la próxima entrega seguiré desgranando las habilidades que tanto en el surf como en la emprendeduría son clave para progresar y tener éxito.